ENE
8
2013

El Mercurio publica columna del Decano de la Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural



Una columna referida a la Ley de Monumentos Nacionales, en su calidad de abogado experto en la materia y de ex Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales, publicó el domingo 6 de Enero el profesor Oscar Acuña Poblete, Decano de la Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural de Universidad Internacional SEK en el suplemento Arte y Letras de El Mercurio.





El escrito señala lo siguiente:





Coleccionistas y ficción





Recuerdo vivamente cuando se realizó la incautación de bienes paleontológicos y arqueológicos en un restaurante de calle Cumming en Santiago: se llevaron miles de piezas de distinto valor. Hace pocos días, conversando, una persona me decía que lamentaba lo sucedido, pues sabía que esas piezas estaban hoy guardadas sin que nadie las viera, en cambio, en el restaurante la gente podía apreciarlas, maravillarse con ellas. Quizás no es el mejor ejemplo, pero si da una pauta de la discusión que tenemos pendiente sobre el coleccionismo.





1.- En esta materia, como ha pasado con otras en nuestro país, se vive en un mundo aparente, nada real. Es como sucedía con las nulidades de matrimonio, que eran la válvula de escape a las separaciones matrimoniales eludiendo el tema del divorcio.





Los coleccionistas han existido siempre. El coleccionismo es algo inmanente a la persona, una realidad que no podemos tratar de desconocer simplemente ocultándola. Hoy, en muchas partes de nuestro país, debe haber importantes colecciones con bienes de alto valor, que sus dueños mantienen para su goce personal y no difunden, investigan, publican o exhiben, ante el temor de que vaya a ir a sus domicilios la PDI a incautarlas.





Es preciso tener en cuenta que, si bien la ley de monumentos establece que el patrimonio arqueológico y paleontológico es monumento por su sólo ministerio y de propiedad del Estado, se trata de una normativa de 1970. La ley anterior, que era de 1925, no lo establecía así. Tenemos una fecha de corte y quienes adquirieron bienes patrimoniales de este tipo, antes de la ley del 70, lo hicieron legítimamente, entonces, no es posible que les sea privado su dominio.





2.- Quisiera hacer mucho énfasis en que esto bajo ningún respecto implica legitimar el “huaqueo” ni nada lejanamente próximo a ello. Debiéramos pensar en un sistema regulatorio que ya sea mediante una modificación de la Ley de Monumentos o bien, a través de la Potestad Reglamentaria del Presidente de la República, busque crear un registro público y una normativa acerca de las facultades que un particular tiene sobre las colecciones que hoy existen.





Se trata de sincerar la realidad y dejar en claro que aquellos que hoy tienen en su poder bienes culturales, en la medida que los registren y se acojan a estas normas, no se verán expuestos a riesgos de incautación, quedando en todo caso, sus colecciones cerradas a nuevas adquisiciones, salvo que ello se haga en el marco de lo que regulen estas normas.





3.- No debemos caer en el simplismo de estigmatizar al coleccionista y satanizarlo. Su labor históricamente ha permitido que hombres como José Toribio Medina donaran su biblioteca y documentos a la Biblioteca Nacional, que se crearan los museos Smithsonian en USA y el de San Pedro en Atacama. No es algo per se que debamos perseguir.





Pensemos en las grandes incertidumbres que agobian al coleccionista:





a) Qué sucederá al fallecer él con los bienes que ha atesorado durante su vida. Muchas veces sus descendientes no querrán conservarlos, se desprenderán de ellos o los mandarán a una bodega de la que no saldrán más.





b) Por otra parte, estas colecciones pueden haberle significado la inversión de todos sus recursos y le inquieta que al fallecer no dejará otros bienes a sus descendientes. Entonces, ¿por qué no pensar en mecanismos que posibiliten que los pueda transar lícitamente a un museo o a otro coleccionista que los valore; o bien, que con ellos su familia cubra el impuesto de herencias y donaciones al Estado?





4.- Es preciso hacer ver qué sucede la inmensa mayoría de las veces con los bienes que se incautan a coleccionistas. No me refiero a los vendedores de ferias artesanales o traficantes, sino a la persona que tenía como parte de su patrimonio una colección de este tipo de especies.





Pues bien, estas colecciones se reciben ordenadas, conservadas, catalogadas o al menos en buen estado, para ser, tal cual en la película de Indiana Jones, puestas en cajas (en el mejor de los casos), enviadas a depósitos de museos u otras entidades, nunca más abiertas, menos aún vistas, exhibidas, estudiadas o investigadas. Nos ha sucedido en ocasiones y lo hablamos con arqueólogos cuando estaba a cargo del CMN.





No creo que podamos seguir per secula viviendo de espaldas a lo que sucede, jugando al juego de los buenos y los malos, en circunstancias que como país hemos avanzado tanto en otros temas. Debemos dejar de ser una sociedad que viva en un mundo ideal, pero ficticio; asumamos la realidad, regulémosla, sin duda que ello permitirá que descubramos tesoros que hoy desconocemos.





Óscar Acuña Poblete


Decano


Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural


Universidad Internacional SEK




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Autor:

Flor Ayala

Directora de Extensión y Comunicaciones

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