Venezuela

A pesar de la creciente presión política sobre el régimen Bolivariano en Venezuela, el intento de remover a Maduro del poder el pasado 20 de abril fue no fue esperado. Más asombroso ha sido lo que hemos visto en los días y semanas siguientes.

Hemos aprendido, por ejemplo, que el movimiento militar liderado por Juan Guaidó fue el resultado de una serie de negociaciones entre la oposición venezolana y actores importantes dentro del régimen. La idea era instalar un gobierno interino, con miembros tanto del gobierno como de la oposición, permitiendo una transición ordenada. Las negociaciones también permitieron la liberación de Leopoldo López, que había estado detenido, o en la cárcel o bajo arresto domiciliario, durante buena parte de los últimos cinco años. La liberación de López tuvo dos efectos; por un lado el comandante del Servicio Bolivariano de Inteligencia, a cargo de la detención (y liberación de López), se arrancó del país. Por el otro, es posible que la aparición inesperada de López, que no es una figura unificadora dentro de la oposición, haya creado mayor incertidumbre y temor dentro de oficiales tentados con desertar o cambiar de lado.

Otra sorpresa es que, según algunos informes, el ministro de defensa venezolano, Vladimir Padrino, participó en las negociaciones, pero cambió de opinión a último momento, dejando sospechas de que pudo haber actuado como doble agente. 

A la vista, todo falló. Maduro supo de las negociaciones, y buena parte de los actores relevantes y necesarios dentro del régimen de echaron para atrás en el momento clave. 

Pero lo que también queda en evidencia es que existe un grupo no menor de oficiales, civiles y militares, que han concluido que la crisis venezolana no es sostenible en el mediano y largo plazo. Si bien la acción del 30 de abril fracasó, las conversaciones continuarán.

Es tal vez por esto que las conversaciones a nivel regional y multilateral continúan, involucrando el Grupo de Lima, y los líderes de Canadá, España, Cuba, Rusia, Estados Unidos, entre otros. Las declaraciones de oficiales estadounidense respecto la posibilidad de tomar medidas militares son, probablemente, no más que una estrategia necesaria para mantener la presión sobre Maduro.

Aunque la habilidad de Maduro de sobrevivir, primero el intento por un grupo de países latinoamericanos de forzar el ingreso de ayuda humanitaria, y ahora el fracasado de golpe de estado, podrían haberlo visto fortalecido, en realidad las revelaciones de contactos secretos involucrando altas autoridades bolivarianas y la oposición demuestran lo contrario. Maduro está amenazado, y los líderes de la oposición, a pesar de haber demostrado demasiado optimismo y haber sobreestimado su fuerza el día del 30 de abril, mantienen popularidad y la capacidad de movilizar buena parte de la ciudadanía.

TENDENCIA: Cómo Maduro trata a López, Guaidó, y otros líderes de la oposición, será una señal de cómo planea mantenerse en el poder. Hasta momento el régimen chavista ha sido hábil en no permitir que los opositores se conviertan en nuevos mártires, y han apostado por el debilatamiento del movimiento opositor, o que sus divisiones internas hagan su trabajo. La tendencia, sin embargo, apunta hacia mayores contactos entre un régimen abatido y una oposición animada y apoyada por buena parte de la comunidad internacional.

 

 

PROSUR – Integración Latinoamericana 

PROSUR no puede entenderse sin UNASUR. El Cono Sur latinoamericano, ha tenido varios intentos de integración con el objetivo de establecer instancias de cooperación en distintas área. Un esfuerzo reciente fue UNASUR que en el 2011 logró congregar a 11 países de la región y radicar su sede en Ecuador. El impulso de esta organización fue bajo el liderazgo brasilero en un ambiente donde la mayoría de los presidentes eran de la izquierda del espectro político, tanto moderada como pupulista. Los primeros esbozos de su creación hablaban de integración económica e infraestructura transfronteriza entre la Comunidad Andina y MERCOSUR, pero en su concreción se plasmó como cooperación política paralela a la OEA para promover la paz, evitar rupturas democráticas y defender los derechos humanos, especialmente aquellos socioeconómicos. UNASUR se debilitó rápidamente y como otras iniciativas de este tipo no logró madurar una política común regional, aunque se establecieron coordinaciones importantes en el área de defensa y seguridad, salud y algunas misiones de observación electoral. El giro hacia la derecha en las presidencias regionales, precipitó el colapso de UNASUR. En particular, cuando Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú decidieron suspender su participación en el 2018 y 2019.  

Para los algunos líderes sudamericanos, UNASUR había sido un fracaso de gestión motivada por su marcada tendencia de socialismo bolivariano y en su reemplazo decidieron crear una nueva apuesta de integración, PROSUR, en marzo de 2022. En esta oportunidad, la iniciativa fue de los presidentes colombiano y chileno, ambos de derecha, con el objetivo de apoyar la democracia liberal y el libre mercado.  A la invitación respondieron positivamente Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay y Perú. Esta instancia de coordinación, como UNASUR, debe responder a los desafíos que tienen las democracias de la región, en especial su tendencia a concentrar el poder. Y así como en el pasado a UNASUR se le acusó de estar politizada, PROSUR nace bajo la crítica de ser otro organismo más, que viene a engrosar una lista larga de instancias multilaterales fracasadas por ser incapaces de desprenderse de los intereses sectoriales de quienes lo conforman, en este caso, gobiernos de derecha, moderada y extrema, que han triunfado en las elecciones recientes de sus respectivos países.

Sin perjuicio del color político que tiñe los orígenes de PROSUR, hay ciertas señales importantes. En primer lugar, la intención de coordinarse en una agenda más liberal en lo político y económico, habla de mayor sintonía con EEUU respecto de modelo de desarrollo. Sin embargo, EEUU también ha señalado que quiere ser actor hegemónico en la región, excluyendo a China y Rusia de la ecuación. Éste último es el principal socio comercial de mucho de los países miembros de PROSUR, como Chile.  En segundo lugar, el liderazgo frente a asuntos políticos, como la crisis Venezolana, se encuentra limitada por otras instancias que parecen estar funcionando bien, como el grupo de Lima. Ante esto, la funcionalidad de PROSUR en este aspecto se ve disminuida.

TENDENCIA. Rara vez las instituciones regionales se han convertido en organizaciones duraderas que privilegian fortalecer la cooperación para alcanzar un interés de largo plazo que favorezca a todos sus miembros. El desafío de PROSUR es probar que esa sospecha es infundada y que podrá sostenerse por más tiempo que los gobiernos actualmente de turno. De cualquier manera, las relaciones vecinales pasarán por las negociaciones que esta nueva instancia logre y en especial, el rol que juegue Brasil en el futuro.