Brexit

Si bien la guerra comercial entre China y Estados Unidos tiene grandes implicancias para la economía mundial, la incesante telenovela que es el Brexit tiene la capacidad de ser igual de disruptiva. La sexta economía más grande del mundo enfrenta hace meses una profunda incertidumbre respecto la futura dirección de su economía, culminando en una serie de votaciones en el parlamento durante las últimas semanas que han hecho poco para apaciguar las dudas ¿Cómo entender el lío en que ha metido el Reino Unido?

 

Cabe recordar que cuando David Cameron, anunció que su gobierno realizaría un referéndum en 2016, el otrora primer ministro esperaba resolver dos problemas políticos. Por un lado, su partido, el Partido Conservador, llevaba décadas sin poder resolver una fuerte disputa interna respecto su postura hacia la integración europea (recordemos que en la década de los 90 fue el Primer Ministro Conservador John Major el que negoció y exigió condiciones especiales para Gran Bretaña en el Acuerdo de Maastricht, acuerdo que luego fue rechazado por el parlamento británico gracias a los votos de los ‘euroescépticos’ de su propio partido). Habiendo ganado las elecciones del 2010, Cameron quiso fortalecer su posición interna. Por el otro lado, Cameron se veía políticamente presionado por el partido independista británico (UKIP) y una extrema derecha populista, anti-Europea, y anti-inmigrante. El resultado del referéndum, sin embargo, de 52% a favor y 48% en contra de salirse de la Unión Europea, dejó en evidencia que la apuesta de Cameron había fallado, y que el partido y el país se demorarían un tempo más en resolver sus problemas existenciales.

El referéndum del 2016, y todo lo que ha ocurrido desde entonces – incluyendo la incapacidad del sistema político británico de acordar una fórmula para realizar el quiebre definitivo con Europa – indica una tendencia más profunda, producto en parte de debates no resueltos mencionados anteriormente, pero también de fenómenos más recientes.

La crisis económica que comenzó el 2008, y que llegó a su culminación el 2010, dejó muchas huellas. Las política de austeridad, el desempleo, creó un ambiente en que muchos ciudadanos necesitaban alguien a quien culpar. No solamente en el Reino Unido: en todo Europa las tazas de empleo tardaron casi una década en volver a llegar a los niveles previos a la crisis. A la vez, la necesidad por parte de varios gobierno a rescatar los bancos en sus países dejó la impresión de que existía alguna colusión capitalista, en desmedro del ciudadano común y corriente. Finalmente, si para muchos votantes las élites capitalistas se beneficiaron del estallido financiero, la crisis demostró que las élites intelectuales – especialmente los economistas – fallaron tanto en sus predicciones como en sus análisis ex post (de ahí el comentario del ex ministro británico, Michael Gove, acerca de que “mucha gente en este país está harto de los expertos”).

La guerra civil en Siria también tuvo un impacto en Brexit. La ola de refugiados, las imágenes de sirios en botes llegando a las costas europeas, la decisión de Ángela Merkel de permitir su ingreso, puso en el tapete la cuestión del libre movimiento de personas dentro de la Eurozona. Para la derecha anti-inmigrante, las imágenes fueron un detonante. El británico común y corriente se sentía amenazado. 

Para entender el actual estado de Brexit – con todas sus fechas y negociaciones y debates parlamentarias, es menester volver al comienzo. Brexit es producto de una serie de eventos particulares de un momento, que se unieron a crear un ambiente propicio para el aislacionismo y en nacionalismo. De esta manera, los efectos económicos de un posible quiebre con Europa representan una continuidad con la crisis del 2008, pero que harán que esa crisis parezca ser una cosa menor.

TENDENCIA: La discusión interna en el Reino Unido respecto su relación con Europa no se resolverá, pase lo que pase con las negociaciones actuales. Europa, por el otro lado, aun recuperándose de la crisis financiera, puede estar subestimando las implicaciones de la salida de su socio británico. Por el momento, el Reino Unido tiene hasta el 31 de octubre para buscar una salida ordenada, aprobada en el Parlamento.