La economía debe garantizar la disponibilidad de efectivo, billetes y monedas, en variedad, calidad y cantidad para contribuir al normal funcionamiento de los pagos y a la plena realización de las transacciones comerciales entre los miembros de una sociedad, labor que recae en la autoridad monetaria.

 

De acuerdo a convenciones monetarias internacionales, se considera que la cantidad de denominaciones en monedas no debería ser superior a 8, que la cantidad de billetes debería ser cercana a 5 y que la estructura conjunta de billetes y monedas no debería tener más de 11 denominaciones. En nuestro país aún se utilizan 6 denominaciones de monedas  y 5 denominaciones de billetes.

 

En la estructura de denominaciones chilena, considerando la evolución de su economía, las monedas de $5 y de $1 serán retiradas de circulación, a contar del 26 de octubre de 2017. Estas monedas han perdido significación económica en las  transacciones comerciales, dado su muy bajo poder adquisitivo respecto de los bienes y servicios que con ellas se pueden adquirir, la baja valoración de las características metalúrgicas en ellas contenidas, el bajísimo valor que el público les otorga y el hecho que su costo de producción, desde hace ya bastante tiempo, supera largamente su valor nominal. Producir una moneda de $1 cuesta $6 y producir una moneda de $5 cuesta $17. Su eliminación implicará ahorros para el país de 60 millones de dólares anuales.

 

Los actuales niveles de precios consideran, en general, muy pocas fracciones de la decena, por lo que el eliminar ambas monedas tendrá un impacto menor en la inflación y en los precios relativos de los bienes y servicios que se transan en los mercados nacionales.

 

La medida adoptada abre espacio para sustituir el actual billete de $1.000 por una moneda de igual valor. Se estima que un billete debería ser transformado en moneda, cuando éste representa una parte muy mayoritaria de la demanda total de billetes, cuando su ciclo de vida es el más corto de los billetes en circulación y cuando su reemplazo por una moneda de igual valor tiene implicancias importantes en ahorro de costos de producción. Todas estas razones se cumplen hoy en la economía chilena para el actual billete de $1.000.

 

El diseño de la nueva moneda de $1.000 debería contemplar especificaciones que consideren seguridades compatibles con el valor que representa, un tamaño que permita comodidad de uso, aleaciones metálicas que permitan igual o mayor durabilidad que las monedas actualmente existentes y características metalúrgicas para su utilización en máquinas validadoras de monedas.

 

De acuerdo a precios internacionales, el costo de impresión de un billete chileno es menor que el de acuñación de una moneda, sin embargo está última tendría, a lo menos, una duración superior a 15 veces la vida útil de un billete, por lo que la transformación de un billete de $1.000 en una moneda de igual valor implicará importantes ahorros para el país.

 

Una moneda de $1.000 representaría un valor menor a 2 dólares americanos, equivalente o inferior a valores de monedas ya existentes en diversos países en el mundo.

 

Es de esperar que la racionalidad económica sea aplicada por parte de la autoridad monetaria chilena.

 

Carlos Pereira Albornoz

Rector y Profesor Titular USEK

 

 

 

About the author

Licenciado en Ciencias Económicas e Ingeniero  Comercial (Universidad de Chile). Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales (Universidad Autónoma de Madrid). Doctorado en Economía Aplicada. (Universidad Autónoma de Madrid). Doctorado en Informática (Universidad Politécnica de Madrid). Doctor (c) en Educación (Universidad de Alcalá de Henares). Postítulo en Neurobiología del Conocer (Universidad de Chile) y actual Rector de la Universidad SEK.