Ya no cabe duda, tanto por la situación interna, como la internacional. El régimen de Maduro en Venezuela, se ha transformado en una dictadura. Las razones son múltiples. Para empezar, lo que sucede internamente. A una crisis económica total, a pesar de ser un país productor de petróleo, los grandes recursos se han sistemáticamente malgastado, para abultar los funcionarios del Estado y las propias fuerzas armadas, sólo entre incondicionales al régimen. Un gobierno militar indirecto. Desabastecimiento de bienes esenciales, una población hambreada y carente de medicinas, que ni con dinero obtiene. Situación de inseguridad creciente, más una corrupción amplia, acompañada de una delincuencia incontrolada, hacen que la ciudadanía se rebele, proteste en las calles y prefiera abandonar el país. El resultado ha sido más de 130 muertos por acción de la policía y los llamados “colectivos”, que son fuerzas paramilitares adictas al gobierno.

Sin tomar en cuenta esta situación anormal, el Gobierno de Maduro, en vez de buscar corregirla, aumenta los controles y la represión. Lo hace en nombre de una revolución, y con acusaciones basadas en eslóganes consabidos, contra el “imperialismo”, “la CIA norteamericana”, y la “oligarquía”. Un discurso retrógrado e ideologizado, de hace cuarenta años, que nadie cree, y que no soluciona ninguna de las necesidades de su población. Al contrario, las agudiza. El resultado ha sido un levantamiento popular creciente, que puede transformarse en una desobediencia civil que podría derivar hasta en una guerra civil.

Como Maduro, se supone y pese a sus limitaciones, que conoce lo que sucede, parece más bien que lo provoca intencionalmente, al saberse superado por sus propios errores. Sólo tiende a aumentar la represión, los encarcelamientos y la fuerza, contra cualquier opositor. U obliga a quienes viven del Estado, a obedecer sus órdenes políticas, bajo pena de ser exonerados o de ir a prisión. Muchos han elegido refugiarse en Embajadas, inclusive la chilena. Sólo evidencia debilidad y temor a ser juzgado o tener que huir a algún país afín que lo acoja. Éstos ya son menos, pues la comunidad internacional ha comprobado, por sobre la propaganda oficial, que Venezuela está bajo una tiranía y dentro de un caos generalizado. Entonces, ha decidido tomar acciones.

Estos hechos internos indesmentibles, colmó la paciencia de la comunidad internacional, que por tanto tiempo lo apoyó y recibió su ayuda revolucionaria. El detonante ha sido elegir una Asamblea Constituyente que controlará el país. El Ejecutivo que domina. El Legislativo, en sustitución de la Asamblea Legislativa, elegida democráticamente y opositora. Un proceso viciado, pues sólo la integran partidarios (entre ellos su mujer y un hijo), y denunciado hasta por la empresa encargada del cómputo electrónico. El Judicial, hace ya tiempo que sólo lo integran jueces obsecuentes con Maduro. La Fiscal General, antigua chavista, ahora lo denuncia y ha sido reemplazada. Hay indicios de levantamientos militares, pues sólo los altos mandos los atrapa con beneficios y pagos, no así la tropa que soporta las mismas privaciones que la población.

Naciones Unidas denuncia violaciones a los Derechos Humanos y cuestiona el que Venezuela integre el Consejo respectivo. Los Cancilleres regionales aprueban una dura Declaración en Lima (17 países aunque sólo 12 la firman), no reconocen la Constituyente, acuerdan no elegir candidaturas venezolanas, y denuncian la ruptura de la democracia, entre muchas medidas. Mercosur suspende su pertenencia. La Unión Europea estudia sanciones. El Papa llamó a no efectuar la elección, sin resultados. Estados Unidos confisca bienes de gobiernistas, e incluye a Maduro en la lista de indeseables. Lamentablemente, prosigue una situación que no mejora, y que puede provocar confrontaciones violentas. Maduro sigue respondiendo sólo con insultos, represión y amenazas. Por ahora, no hay una solución racional.   

About the author

Abogado de la Universidad Católica.

Magíster en Derecho de la Universidad Central.

Embajador del Servicio Exterior (r).

Académico de la Academia Diplomática.

Profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales.