Durante mi formación en Estados Unidos, tuve la suerte de conocer en Palo Alto, a Thomas Kuhn, gran físico y filósofo de las ciencias, de quien recibí un consejo de vida que afectaría de manera importante mi desarrollo profesional. En los años 70 del siglo pasado se estaba actualizando el llamado sistema binario de información, el que trasforma números y letras en un código basado en unos y ceros. Este sistema informático abrió la tecnología hacia límites insospechados de lenguaje digital, y que hoy permite a nuestros nietos manipular de forma eficiente, por ejemplo, palabras e imágenes en  tablets y celulares, y muy pronto, en escenarios de realidad virtual. Kuhn, en sólo una hora, me enseñó a convertir un número cualquiera, en sistema binario. Así, cuando marca en su celular el número 131, su artefacto lo convierte en el binario 1000011. El mecanismo consiste en ir dividiendo el resultado por 2, y anotando el número residuo.

Pero lo más importante que escuché de Kuhn, fue la analogía que hizo sobre el sistema binario, y nuestra actitud hacia la vida profesional. “Los unos son personas que remecen los paradigmas, que cambian los rumbos, que marcan diferencias, que son capaces de nadar contra la corriente, que imaginan nuevos escenarios, que estudian y se renuevan sin fatigarse, que alteran a los cómodos. Los ceros son respondedores de “amén”, que todo siga igual, que se conforman con sus creencias obsoletas, que procuran pasar inadvertidos, ojalá transparentes, que marchan en la procesión”.  

El sistema binario pertenece a la ciencia de los sistemas. Quienes pueden ser definidos como unos, de manera sistemática se enfocan al pensar, en tres áreas principales: hacia su interior, hacia quienes les rodean, y hacia el exterior. El foco interior se sostiene en una observación amplia y renovada, sujeta a revisión y cuestionamiento de creencias y principios. Aquí, los ceros se dejan llevar por decisiones y juicios ajenos, lo que les ocasiona no controlar su propia vida. Los unos, al poner también el foco en los demás, mejoran las relaciones con las personas que les permita participar de esa nueva visión sistémica ampliada. Los ceros viven casi siempre preocupados de sus propios ombligos. Finalmente, los unos al observar el rendimiento eficiente que existe en el mundo exterior, tienen la posibilidad de comparar el estado actual con el estado deseado y promover los ajustes necesarios. Los ceros son vulnerables al mínimo cambio, ciegos y contrarios a cualquier innovación.

Ludwig van Beethoven, un formidable emblema de los unos, describe así, a sus posibles seguidores, en la parte final del coro de su monumental Novena Sinfonía, “Gozosos como vuelan sus soles a través del formidable espacio celeste, recorred así, hermanos, vuestro camino en la vida, sin temores como el héroe hacia la victoria”.

Si alguien duda sobre su clasificación de unos y ceros, haga este simple ejercicio: al morir, piense en la huella que fácilmente recordarán y asociarán los demás respecto de la vida de usted. 

About the author

Psicólogo Educacional y Clínico. Master en Programación Neurolingüística. Doctor (Ph.D) en Psicología Social por la Universidad de Palo Alto & Santa Cruz System (California, USA, 1978).

Docente USEK